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El diario de Ana Frank / [s.n.]

Por: Tipo de material: TextoIdioma: Español Detalles de publicación: Argentina: Prometeo, 1992Edición: 1a. edDescripción: 215 pISBN:
  • 97898757418e+012
Tema(s): Clasificación CDD:
  • 920.72 F736 22a. ed.
Resumen: En un pabellón situado detrás de un patio, tal como hay en tantas casas de Ámsterdam, se instalaron como ratas en un orificio. Había que adoptar mil precauciones: no dejarse ver, no hacer ruido. Es de imaginar qué problemas de todo orden se les presentaban a estos prisioneros voluntarios: los menores no eran, indudablemente, aquellos cuyos términos renovaría diariamente la intolerable cohabitación de ocho seres. Fue allí, en el ambiente paradójico, donde Ana descubrió a la vez su propia existencia y la de otros. A la hora en que una criatura comienza a enfrentarse con el mundo exterior y saca de los múltiples contactos un enriquecimiento infinito, esta muchachita no tuvo ante ella sino el espectáculo del abrigo húmedo, del patio y de los siete locatarios -parientes, amigos, relaciones- con quienes tenía que compartir su suerte. Lo asombroso es que su sensibilidad no se haya, en poco tiempo, falseado, que haya sabido conservar su libertad, su fantasía y la alegría que, hasta en los peores peligros, flota y resuena, a lo largo de su Diario, con el son mismo de la virtud de la infancia.
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Libros Biblioteca USU Colección General 920.72 F736 (Navegar estantería(Abre debajo)) Ej.1 Disponible 22156
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En un pabellón situado detrás de un patio, tal como hay en tantas casas de Ámsterdam, se instalaron como ratas en un orificio. Había que adoptar mil precauciones: no dejarse ver, no hacer ruido. Es de imaginar qué problemas de todo orden se les presentaban a estos prisioneros voluntarios: los menores no eran, indudablemente, aquellos cuyos términos renovaría diariamente la intolerable cohabitación de ocho seres. Fue allí, en el ambiente paradójico, donde Ana descubrió a la vez su propia existencia y la de otros. A la hora en que una criatura comienza a enfrentarse con el mundo exterior y saca de los múltiples contactos un enriquecimiento infinito, esta muchachita no tuvo ante ella sino el espectáculo del abrigo húmedo, del patio y de los siete locatarios -parientes, amigos, relaciones- con quienes tenía que compartir su suerte. Lo asombroso es que su sensibilidad no se haya, en poco tiempo, falseado, que haya sabido conservar su libertad, su fantasía y la alegría que, hasta en los peores peligros, flota y resuena, a lo largo de su Diario, con el son mismo de la virtud de la infancia.

[s.n.] 1992 1992

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